Exponer y escuchar. Esas son las dos actividades más frecuentes en la universidad, y quizás también en la escuela. Formamos profesionales (docentes entre ellos) a través de cientos de horas de escucha y toma de apuntes con la esperanza de que desarrollen, mágicamente, competencias profesionales del siglo XXI.
En Educar21 nos inspiramos en la idea del Banco Común de Conocimiento para realizar prácticas de microenseñanza en el aula de la facultad y dentro de las materias de “Didáctica: teoría y práctica de la enseñanza” y “Didáctica de la Educación Infantil”.
La idea es sencilla: cada estudiante prepara una sesión de clase de treinta minutos de duración sobre un tema de su elección. Un deporte, una afición o una habilidad especial pueden ser buenos temas para el Banco Común de Conocimiento. Cada uno es libre de enseñar lo que quiera y todo el mundo tiene algo que enseñar. El resto de compañeros y compañeras son “su clase”, excepto tres personas que son la “inspección educativa”, dispuesta a anotar todo lo que quien enseña hace bien o se puede mejorar.
Cuando presento la actividad a los participantes en Educar21 siempre hay una expresión de incertidumbre, de vergüenza anticipada y, en algunos rostros, de preocupación. Para muchas y muchos de ellos es la primera ocasión de tomar el control de una clase y la ansiedad les hace temblar o reír nerviosamente.
Sin embargo, una vez más este año me he sorprendido por la profesionalidad de mis estudiantes, compañeros y compañeras de viaje en esta aventura que es Educar21, y de la importancia del “Banco Común de Conocimientos”. Permitidme que os cuente por qué.
Sergio y Natalia fueron elegidos por sorteo para ser los dos primeros en participar en el Banco Común de Conocimientos. Sergio eligió enseñarnos a hacer pajaritas de papel y Natalia flores de fieltro: humilde y sencillo, ¿verdad?
Cuando Sergio se puso delante de la clase (de sus compañeros), dejó de ser un estudiante y se convirtió, por primer vez, en maestro. Expuso con claridad los objetivos de su sesión, nos habló de cómo a partir de una pajarita de papel se puede explicar geometría plana o el valor del reciclaje, repartió materiales e instrucciones, demostró cómo hacer la pajarita, asistió a sus compañeros, hizo correcciones, mantuvo la atención de la clase con esa autoridad que no proviene de una ley sino de una actitud profesional y, finalmente, condujo a toda la clase a realizar sus pajaritas eficazmente. Acababa de nacer un maestro; con mucho que aprender, pero maestro.
Natalia nos convenció para hacer flores de fieltro y vinculó esta actividad con el desarrollo de la psicomotricidad fina de los estudiantes a través de una actividad creativa. El fieltro sustituyó los apuntes de clase, las tijeras empezaron a hacer su labor y el hilo, la aguja y los imperdibles unieron las piezas para tener listas, en media hora, un buen ramillete de flores de fieltro. Entre medias, la maestra Natalia puso en parejas a sus compañeras y compañeros, ayudó a coser a los chicos que no habían cogido nunca una aguja en sus manos, asesoró sobre colores y brillantinas y marcó los tiempos para que pudiéramos acabar correctamente nuestra tarea.
Pero estas dos sesiones no pretendían únicamente acercarnos al maravilloso mundo de las pajaritas de papel y las flores de fieltro. Estábamos aprendiendo a enseñar y gracias a esta actividad nos dimos cuenta de que no dar instrucciones claras y precisas puede hacer que tu pajarita no pase de la categoría “barco de papel”; o que no traer tijeras suficientes deja a algunos grupos sin nada que hacer durante un tiempo y esto genera problemas de comportamiento, en la facultad como en la escuela; o que no valorar que, desafortunadamente, los chicos en clase no saben coser y no hacer bien agrupamientos heterogéneos ralentiza el avance de la sesión y dificulta el aprendizaje.
Estos micro-aprendizajes (cómo dar instrucciones, la importancia de los materiales o cómo hacer agrupamientos) no se pueden aprender con la secuencia expongo-escucha-repite; sólo con la práctica se puede descubrir que una tijera más o una tijera menos puede ser la clave para que tu clase fluya sin problemas o para que acabes expulsando a un niño de clase porque su comportamiento es inaceptable.
El lunes seguiremos enriqueciendo nuestro Banco Común de Conocimientos. Os iré contando.










